—Marcel Duchamp fue un artista y un anarquista del arte. Era de esos anormales que cambiaron a la disciplina como Picasso en pintura o Rodin en escultura.
La quietud e inmaculada atmósfera seria casi de hospital, entre pasillos de parquet y silencios solemnes con la respiración regulada por el aire acondicionado, en la atónita calma del «no entiendo nada» pero «acá somos todos cultos», es cómo vamos por cualquier museo o galería de arte del mundo.
«Este de acá me gusta» y «este es una cagada» y como cinco «no entendí nada». Por ahora objetos conocidos: cuadros, esculturas y algún alambre torcido con forma de ésta última y todos tan desconocidos como el arte mismo. Sin embargo, esto no es lo peor.
En la segunda década del siglo XX, algunos visitantes de estos museos, vieron cómo se exponían un urinario, una rueda de bicicleta sobre un taburete y un rack de botellas. Objetos cotidianos puestos en una galería seria.
—Esto lo puedo hacer yo mismo —dijo alguno y un —me están cagando —se escuchó al fondo. Esto no es lindo. Esto no expresa nada. Esto no es arte.
—Pero está en el museo y tiene la firma del artista —acotó el guía. —¡Ah! —dijo una vieja —debe ser importante.
Marcel Duchamp realizó estos objetos entre 1910 y 1930 y los llamó «Ready-Made». Antes de tal locura, ya era un pintor que venía consagrándose poco a poco. Nació en Francia, en 1887 y había rozado el Cubismo con algunos cuadros e incluso mezclas entre Cubismo y la cinética del Futurismo, como lo es su obra «Nu descendant un escalier».
Un poco como un juego provocativo y otro poco para generar reflexión, tomó dos objetos tan cotidianos como una rueda de bicicleta y un pequeño taburete y los ensambló. Le colocó su firma —la firma de artista— y automáticamente se convirtió en una obra de arte. Sólo porque fue firmada por un artista, sólo porque era expuesta en un museo o galería.
Con esto, Duchamp, muestra el problema de determinar cuál es la naturaleza del arte y trata de demostrar que tal tarea es casi una utopía. De ahí se disparan las preguntas ¿qué es el arte? ¿un objeto es una obra artística sólo con la firma el artista? ¿también lo es por estar expuesto en un museo o galería?
Éste fue el punto de partida para el arte del siglo XX, el que se desprende del «arte por el arte», es decir, el arte sólo para ser estético, «lindo» diría la vieja, sin compromiso social por parte del artista. De acá salió Dalí, Pollock, Warhol y todo lo que vendría después.
Bueno —pensó Durhomme —terminé la introducción de Duchamp. Siete y diez y este mate está a punto de pedir eutanasia the kids are all hopped up and ready to go they’re ready to go igual ya nos estamos por ir they’re ready to go now, they got their—
—¿Estás pronto?
—Sí, pará que apago el tocadisco y vamos.
—¿Qué estabas escuchando?
—A estos tipos del punk, Los Ramones. Un respiro entre tanto falsete disco.
Frío de la gran puta carajo dónde está la bufanda qué rico perfume, éste, el nuevo que tiene. ‘Ta madre con la llave. Mañana de tarde, pero me va a decir que vaya mañana de mañana, estoy seg—
—Mañana de mañana tendrías que hablar con el cerrajero.
—Sí, después de tomar unos mates voy hasta ahí.
Raro. Antes esta reja cerraba de un saque pero ahora es a dos tiempos. Claro, falta engrasarla. Demasiado viejo para ascensor y qué linda se vino Jacinta, rimmeleando los ojos y labios que—
Qué extraño es cuando se cierran los ojos para cada beso. Debe ser que como se está muy cerca, es bravo enfocar o tal vez —y qué buen tema para contarle — , cuando se cierran los ojos al besar es que se mira para adentro, mas no de manera introvertida y ajena a la otra parte, sino que se mira para adentro para ver cómo la otra persona está entrando en esa cosa que todos llaman «alma», en berretas poemas de cuatro versos.
Como esas frases que arrancan con «La vida es…» siempre son una porquería pero sí, cerrar los ojos, mirarse adentro y decirle a la otra persona: «vení, vení, pasá a mi alma; hacete amigo ¿qué va’ a tomar?». Y ¿qué tomaría un alma al entr—
—¿Qué tal, vecina?
—Buenas tardes, jóvenes.
—Adelante.
—Gracias, m’hijo.
Vientito que hay, taqueloparió y que me queda corta aprender el famoso nudo Windsor tejió corta pero, buéh, abriga al menos y Manifestación a Creys-Malville mayor apagón de la historia en Nueva York ¿cómo aguanta sin calcetines ese veterano?. Debe tener una a cuarzo atrás del mostrador.
—No sé cómo aguanta el frío el diariero.
—Ni idea. La del quinto ¿ubicás la del quinto? Es la que siempre anda por el barrio con las llaves en la mano como si tuviera la puerta en frente. Bueno, esa misma me contó que le tejió una bufanda para el cumpleaños pero no se la veo puesta al don.
—¿Una beige?
—Me dijo que era blanca.
—Porque siempre lo veo con una bufanda beige que usa como repasador para cada vez que se le cae el café con el viento.
—¿Cómo de repasador? Y ¿tanto viento?
—Es que siempre toma en vasos de parafina. «Para no tener que lavar tazas», me dijo una vez. Igual, la del quinto le hace todos los gustos ojo que viene un auto.
—Puta, venía apurado el hombre. Es que no podía creerlo cuando me contaste que eran amantes.
—Sí, me lo contó el del sexto que también fue amante de ella y ahora, por celos, le contó a medio barrio.
—Lo del tipo del sexto lo sabía porque me contó la peluquera.
—Sí, parece que una vez se le rompió la calefacción a la del quinto y el diariero le dijo que nada mejor para el frío que los diarios. Ella le dijo que claro, porque uno se calienta leyendo las noticias y bueno, parece que el hechizo fue mutuo. ¿Viste que el diariero siempre te hace chistes tontos como que los elefantes y los ratones no pueden jugar al fútbol porque se le confunden la camiseta? Bueno, parece que comparten el mismo humor. Entonces, una noche de jueves, él llevó como tres kilos de «Le Monde» pero «Le Monde» del año del cuete. Creo que todavía estaba de Gaulle. Y le pareció un gesto muy herm—
—Ella ¿es viuda? ¿no?
—Claro y entre cognac y cognac, terminaron en el sofá.
—Opa.
—Pero con el frío que mirá cómo cerró este bar.
—Sí, esta esquina tiene como una mala energía. Ningún negocio dura más de dos suspiros.
—Es que hubo de todo: desde aquella guardería para peces hasta la papelería y cine porno «El lápiz japonés». Cuestión que con el frío que había, los dos se taparon con los diarios. Con el sudor, la tinta se le, digamos, «tatuó» en la piel y se quedaron como hasta las seis de la mañana, leyéndose mutuamente. A él le gustaba tocarle ese par de artículos de economía mientras que ella le agarraba la foto de Michel Platini en pleno orsai.
—Con razón la del quinto me decía lo bien que leía ese hombre vamos por acá que es más cerca.
¡Hay que taparse con diarios! Lo parió. Con la guita que tiene, viejo rata y la herencia que cobró de la galería de arte del padre que nunca lo es difícil definir arte hoy en día porque todavía se tiene esa concepción de arte como algo lindo, como una expresión del artista; y Duchamp vino y se cagó en todos.
Las caras de las viejas cuando vieron ese meadero, ahí, en plena galería y le dieron una patada en culo al tipo y mirá vos: ahora eso está reluciente en el Pompidou. Estaría bueno que lo limpiaran con desinfectante para que con el olor a baño de bar la obra sea completa. Ese olor a Agua Jane de hospital, aroma a limpieza industrial de «ahora me vengo a preocupar de la salud» que emana en cualquier sala de espera.
Lo bravo es que después uno mira eso y piensa que cualquiera puede ser un artista frío que hace. Agarrás cualquier cosa y le ponés la firma y clinck-caja. Como las latas de sopa de Warhol, qué hijo—
—¿Vamos caminando? ¿No? o ¿querés ir en Métro?
—No, no; vamos caminando que todavía hay sol.
Darse esos lujos que se dio Duchamp. En primer lugar, tenés que ser un artista clásico, es decir saber dibujar, saber de perspectiva, color, espacio mirá qué lindo Citroën, luz, historia del arte. Convengamos que un actor o un músico no necesitan saber dibujar para ser lo que son pero sí saber mucho de su disciplina. Haber estudiado.
Que de hecho, Picasso, para hacer un toro tan sintético, primero dibujó uno hiperrealista y luego le fue sacando elementos hasta dejarlo en su mínima expresión. De cuatro patas, dos cuernos, un lomo y millones de texturas y claroscuros fotográficos, el pelado lo redujo a doce líneas que incluso el topo de planta baja sabría que es un toro.
—Ojo el charco.
—Uf, menos mal porque esta gamuza no se puede mojar mucho.
Aquel loco, sí. Ahí va, el de arquitectura, uno de los docentes había dicho que cuando se comenzaba a diseñar un proyecto, uno llenaba de cosas y luego iba sacando hasta dejar lo mínimo necesario porque claro, lo más difícil es siempre hacer lo más simple. Y una obra es buena cuando justamente, tiene lo mínimo necesario para vivir, sin pesadas mochilas con que cargar.
«Menos es más» decía Mies Van der Rohe calentita que es la mano de Jacinta. La guacha esta nunca se saca los guantes aunque convengamos que es ideal cuando le da un uso práctico: cuando saca la asadera del horno, con ese petit gâteau tan rico que le sale o con la caldera para el mate. Y el artista que se puede dar esos que la película este buena al menos.
Porque si te ponés a pensar, definir el arte hoy es día está bravo. Cambió mucho todo. Sí, que después de la invención de la fotografía mató todo aquello, porque fijate vos que ya la hiperrealidad que pintaban, justamente, como si fueran fotos, no iba más y ahí vinieron los impresionistas que está Sofía Loren en ese afiche; y ahí empezaron a pintar no tan real, sino mostrar cómo veían la realidad ellos, con sus ojos, con su alma y espíritu. Me acuerdo de aquel profesor de dib—
—Dejá que yo pago.
—No seas tonta, dejá que yo te invito. Dos para «Una Giornata Particolare». Fáh, no. ¿tenés dos francos ahí?
—Sí, ‘perate.
—Ahí va.
—Sala 2, a la izquierda.
—Gracias.
—Se les fue la mano con la calefacción.
—Impresionante. Dame que te llevo el abrigo.
‘Presionante Sofía, cómo está y aquel profesor de dibujo que se parecía a Panoramix y largó aquello del buen dibujante dibuja lo que ve y no cómo es. Claro, esa cosa de dibujar como lo ve uno y no como es; y ese ha sido siempre un buen punto de partida para definir al arte. Es ese «así es como lo veo y no como es» La subjetividad en su máxima expresión. Y estos impr—
—¿Vamos al medio? ¿No?
—Sí, ¡uf! Asientos cómodos al menos.
—Nada que ver a Cinemateca.
—No, es cierto, pero las películas valían la pena.
—Acá, el que vale la pena sos vos.
Otra vez cerramos los ojos para besarnos y vernos el alma. Alma. Alma y corazón son palabras tan bastardas hijas de la poesía barata que anotar aquello de mirar para adentr—
—Esta de «La Guerre des Étoiles» parece estar buena.
—¡Páh! no sé; me parece una copia de «2001» pero los efectos pueden estar lindos.
—Dale, vamos a verla.
—Bueno, capaz que el viernes venimos después de la reunión con Auguste.
No hay caso con mirarse para dentro y Jacinta, qué linda que está Jasofía además de impresionante de grande en la pantalla y los impresionistas que era como el profesor éste, que pintaban como que lo veían y no como era; y ahí ya el arte empezó como una cosa media subjetiva. Además, claro, fines del siglo pasado aparecían estos rompe huevos de Nietzsche y los románticos, dándole patadas en el culo y Sofía al tema de la belleza clásica y eso de la ruptura con la tradición.
—No gracias, hermosa.
Algún día le tengo que decir que no me gustan los caramelos agridulces y cualquier otra porquería del estilo; o es dulce-dulce o salado-salado. Nada de relatividades y Einstein, la mecánica cuántica y todo eso que ya la ciencia hacía ver la realidad, el universo, báh, de otra manera embole esta película seis hijos Sofía se pasó en la cama esta mujer a puro sexo.
«Siempre pensando en lo mismo» me diría Jacinta y «si Freud estuviera acá se haría un libro con vos» y ahora también Freud por esa época, cambiando la manera de ver las cosas. Se transformó la manera de ver el universo en tan poco años.
¿Cuándo volverá a concentrarse tanta energía creativa para que se cambie la manera de ver el universo? Capaz que en el siglo que viene y como decía Mafalda, que los libertadores latinoamericanos aparecían un siglo sí, un siglo no.
—Sí, parece que es homosexual.
Impresionante Mastroianni. Actorazo y mirá estos nazis, seguro y la primera guerra mundial el hombre se dio cuenta de lo que era capaz y otro cambio de realidad. Entonces, ahí va, si tanto cambió la manera de ver la cosas, era obvio que iba a cambiar el arte o, mejor aún, la definición de arte.
Porque claro, Europa estaba tan hecha paté y con tantos cambios de realidad que qué mierda de realidad ibas a reflejar y ahí apareció el arte abstracto: ausencia de realidad. Parecido a aquello del Barroco, que la realidad era una bosta y entonces rellenaban todo con rococó crema chantilly. Igual, como esos, que dicen que en la realidad de hoy no se puede vivir, eso siempre fue as—
—¿Qué dijo?
—Que lo amaba
Lo amabastracto, lo abstracto despojó de la realidad y más le vale a Sofía que se despoje de algo, ya que estamos, y ahí el artista de vuelta a reflejar aún más su mundo interior. No sé por qué los subtítulos los hacen cada vez más pequeños, taqueloparió. Es preferible escuchar italiano a leer analfabetismo disminuyó en esos años, por aquello de que el arte ayuda a comunicar a los analfabetos ya no corría más.
Que claro, en el Gótico de la Edad Media era eso: iglesias llenitas de imágenes para que los que no sabían leer, que eran la grandísima mayoría y la grandísima Sofía ese vestido, pudieran leer a la Biblia en los muros de las catedrales. Es que el Gótico era una época tan visual como la de ahora y si te ponés a ver, a pesar de que hay muchos menos analfabetismo, la gente lee menos y ve más. Estaríamos como una especie de neogótico. Aunque fijate también, que ahora nadie lee porque todos escriben.
Cagándome de calor con la calefacción. Yo sabía que era mejor el cine que está en frente a la Ópera pero está plagado de gente, una masa de personas arte también se volvió medio fetiche, como que encuentra gusto en la conciencia social de placer, eso de la cultura de masas y qué cultura de masas tiene el panadero de la esquina. Ese pan ruso que me mostró ni idea que existía y no sé cómo hace ese hombre que es celíaco para estar entre tanto gluten. Aunque, ahora que pienso, la otra vez estaba cachando un Felipe ¿Será celíaco o yo le entendí mal? La mujer, Celia ¿no?, lo va a matar. Además, cómo se putean siendo él del Frente Nacional y ella comunista.
—Debe faltar poco.
—Seguramente
Creo que Marx habló algo del arte pero no le dio mucha pelota. Me parece que marxistas posteriores trataron de ver la relación entre la doctrina y el arte y si no me acuerdo mal, llegaron a la conclusión de que el arte es reflejo de la realidad social, si bien el propio Marx no veía una correspondencia directa entre una sociedad determinada y el arte que produce ese afiche de Marx que tenía Celia estaba bueno. ‘Taría pa’ hacerle una reproducción y en esa época claro, con los nuevos inventos, cualquiera podía tener una reproducción de la Mona Lisa en la mesa de luz y ahí el arte se caga en aquello de la obra como objeto único y todo eso de hacerle una reverencia mística parece que está por terminar a ver quién la dirigió.
—Mirá, Scola.
—Y ¿ese quién es?
—Ettre Scola, aquel que hizo «Una mujer y tres hombres» que la vimos en aquel cine de 18 y Ejido la última vez que fuimos a Montevideo.
—Ah; sí, sí.
—Vamos que muero de frío y sueño.
—Sí, vamos en el Métro que está medio frío pa’ caminar.
—¿Te gustó?
—Sí, sí; ‘taba linda.
—Sí, yo qué sé; los diálogos llenos de adornos pero se dejaba llevar.
¿Adorno no era aquel filósofo alemán? Un terraja de la Escuela de Frankfurt, pero el tipo, claro, el tipo había defendido al arte de vanguardia como una reacción a la excesiva tecnificación de la sociedad moderna.
—¿Cómo era aquel libro que me prestaste, el de Theodor Adorno?
—¿El de «Teoría Estética»?
—Ese y ¿qué decía más o menos?
—¿No lo habías leído?
—Sí, pero me olvidé.
Puta, se avivó.
—Decía aquello de que el arte es reflejo de las tendencias culturales de la sociedad pero sin llegar a ser fiel reflejo de ésta, ya que el arte representa lo inexistente, lo irreal.
—Ajá, o capaz que en todo caso, representa lo que existe pero como posibilidad de ser otra cosa.
—Claro, de trascender. ¿Nos bajamos en ésta?
—Sí, acá. Ahí va. El arte como «negación de la cosa», que a través de esta negación trasciende.
—¿Y me negarías un—
Mirar para adentro otra vez.
—Otra vez ganó el Saint Germain.
—Disimulando, mirá el diariero que se puso su bufanda-repasador.
—Sí, lo veo. Pero qué lo parió con estos de Saint Germain. Qué orto.
Ortega y Gasset había dicho que sí, a ver, sí, ahí va. Que el tema de la sociedad de masas no puedo olvidar de pedirle ese afiche de Marx a Celia convierte al arte en algo un poco elitista pero la ex mujer del panadero también se llamaba Celia y la hija que tienen ahora también y que con todo el tema de la abstracción, el arte padece una deshumanización raro este panadero debido no sólo a la abstracción en sí sino a la pérdida de de perspectiva histórica, es decir, no poder un tipo con tres o cuatro Celias en su vida analizarlo por ser tan reciente. Y además la percepción estética del arte deshumanizado plantea un cierto distanciamiento tantas Celias que no todos pueden comprender y así lo hace aún más elitista ahora entiendo porque me dijo que era Celiático.
—No te olvides mañana de la cerradura.
—No, no; de ninguna forma.
Es formativo, es decir como que expresa una forma de hacer a la vez que hace, es decir, inventa el modo de hacer. Creo que eso era de Luigi Pareyson. Me tendría que fijar.
—Sí, gracias.
Como que esa formatividad de la obra de arte no es un «resultado» sino un «logro» y—
—No, sin leche. Con azúcar, no más.
Y la postmodernidad vuelve a esa terrajada del «arte por el arte», es decir, el arte sin compromiso social, el arte sólo porque es lindo pero además esa cosa de repetición de imágenes anteriores, una resemantización de lo anterior perdiendo el sentido inicial. Al caer el orden modern—
—Voy a ordenar el cuarto antes de acostarnos.
—Dale que yo levanto acá.
Desorden. Desorden y no hay orden en la definición. Es que es bravo definirlo hoy en día. Es decir, aquella cosa que el arte en la creación de la belleza o lo de Oscar Wilde, lo de la naturaleza imita al arte como que ya no corre más; y este jabón líquido tampoco mañana me doy una vuelta por el super después del cerrajero como que hoy es una cuestión dinámica, en constante transformación y además metida con el tema de los medios de comunicación, el consumo y ya termino acá y la puta me falta terminar de escrib—
—¿Apago acá?
—Sí, sí que yo ya terminé.
—¿Vamos a acostarnos?
—Termino un segundito el capítulo de Duchamp y vamos.
—Dale.
De todas maneras lo fascinante del arte es que no se tenga una definición única y que se pueda discutir, hacer un comercio de ideas sobre lo que es. Porque los temas lindos son los que no se acaban, como aquella película «Whisky» que Jacinta me mostró en Montevideo y no sabíamos qué había pasado con Marta y aquella cartita para German. Estuvimos dos semanas charlando y conjeturando qué podía haber pasado y sin darnos cuenta, los directores de la película nos habían regalado una semana de charlas, imaginación y creación.
Como cuando vas al Pompidou y no entendés un carajo de lo que exponen ahí. Nada mejor que imaginarse, hacer mover el balero para ver qué fue lo que pudo decirme el tipo, si es que me quiso decir algo y hacerte sentir y pensar. Eso, claro, es eso. Pasarán mil años, mil definiciones, pero el arte no puede dejar de hacerte sentir y pensar porque para eso está. Sentir y pensar.
Frèdèric Durhomme miró la máquina de escribir y cuando el sueño y las ganas de estar con Jacinta eran más, escribió las últimas líneas de su cuento que terminaba así:
…«me quiso decir algo y hacerte sentir y pensar. Eso, claro, es eso. Pasarán mil años, mil definiciones, pero el arte no puede dejar de hacerte sentir y pensar porque para eso está. Sentir y pensar. Frédéric Durhomme miró la máquina de escribir y cuando el sueño y las ganas de estar con Jacinta eran más, escribió las últimas líneas de su cuento que terminaba así».
El tema es «Sheena is a punk rocker» y era el que Durhomme escuchaba al principio del capítulo. Es de la banda The Ramones y salió en su tercer álbum, «Rocket to Russia» de 1977, en pleno amanecer del movimiento punk. Porque Marcel Duchamp era justamente eso: un punk en el arte.
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1
¡Que lo parió! Negociemos don Durhomme: deme tiempo pa’ leerlo mejor.
¡Payador y guitarrero! Eso es lo que es usté’.
2
Vengo a decirle que su blog es una inmundicia, me contamina las novelas con comentarios artísticos y me habla de arte como si fuera un taxista.
Lo felicito por lo que dice y por cómo lo dice. Voy a hacer un pequeño esfuerzo por difundir su obra en Twitter.
¡Suerte!
3
Usté como que actualiza poco o sea que, en general, no actualiza un joraca pero cuando actualiza, actualiza —y eso nadie lo puede negar— porque se manda unas batatas como esta que, claro, no son pa’ bló’, son como pa’ libro; y justo. justo, usté’ cuando a’tualiza me mete el dedo en cuanta llaga estética tengo haciendo mención, como quien no quiere la cosa, de hijos de puta como el Sr. Duchamp, que dios lo tenga en la gloria, pero que nos ha cagado la vida a cuantos tenemos el virus del arte metido adentro pero no tenemos la más puta idea de qué se trata eso; y a uno le cuesta pensar carajo y no es fácil saber si payasos como Dalí o divagantes como Adorno o son tipos en serio y aportan algo o en realidad lo que hicieron importa un sorete y lo hicieron para poder transarse minas, ganar guita y que hablaran de ellos y tampoco está tan claro que el barroco sea terraja ni si los vitrales de Chartres fueron un instrumento de dominación de clase o la tele del medioevo ni si la fotografía mató todo o al contrario o si la Celia está buena según los criterios de Ortega o Durhomme está bueno según los criterios de Wilde.
Hay que eliminar la palabra «arte» del diccionario, dedicarse a las Celias, hacer lo que a uno le sale de las pelotas en el terreno creativo y al final morirse como Duchamp, como Picass, como Adorno (se murió,¿no?) como Freud, como Ortega, como todos.
Pero usté, al igual que mi urólogo, me ha introducido el dedo en el meollo de mi confusión estética y prometo hacer un posteo o varios posteos sobre su posteo a la breve edad.
Sin más.
4
Desde el rancho del Santi, tomé este largo, sinuoso y desconocido camino que me condujo hacia el suyo. Todavía no se, si hice lo correcto, porque siendo las 9:26 horas de este Domingo, muy hijoputesco —por lo desierto y soleado— me siento pior que una hormiga en el medio del Centenario cuando las tribunas ejercitan su grito mas ansiado: ¡putear al árbitro!.
He quedado boquiabierta, tonta, ida, anonadada, en fin, chota luego de leerlo; pero no se asuste, es temporario lo de la boca y por ese motivo, volveré pero no seré millones o ¿sí?.
Celebro su encuentro en este valle de lágrimas y si mi espasticidad me lo permite, también una reverencia.
Deseándole pase usted lo mejor que le dejen.
5
«Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran la psicología ni la retórica. La rosa es sin por qué, dijo Angelus Silesius; siglos más tarde, Whistler declararía: El arte sucede. Ojalá seas el lector que este libro aguardaba».
—J.L.B.
Monsiuer Durhomme:
Hoy encontré estas palabras leyendo el prólogo de J.L.B. al libro llamado «Biblioteca Personal». No bien las leí, salté desde mi lecho a la PC pensando: «acá está lo que yo quería decirle a Frèdèric y no sabía cómo».
Lo más maravilloso de todo es que, el que dijo «el arte sucede» es el hijo de aquella adusta anciana que está en el cuadro del Louvre y que Mr. Bean trasladó a Los Ángeles. :)
Le cuento esto, porque la experiencia más sorprendente frente a una obra de arte, que incluyó alegría sorpresa y felicidad estética (¡ay!, qué rimbombante me he puesto) fue descubrir ese cuadro en el museo sin previo aviso.
Es que siempre me he preguntado si mi asombro ante una obra de arte depende o no del conocimiento previo que tengo de ella, de si soy capaz de reconocer una sin haberla oído mencionar jamás.
Otra pregunta retórica, porque sé que no me va a contestar, ¿es preciso haber estudiado para valorar el arte?, no me refiero a la Literatura, para ésta tengo mucho olfato y audacia para opinar lo que quiero, usted escribe muy bien y no interesa lo que diga Harold Bloom. Me sucedieron dos cosas extrañas: la Monalisa me dejó fría, en cambio cuando vi La Fuente de Duchamp o la rueda de bici casi empiezo a gritar de emoción como una loca en medio de tanta gente comme il faut.
Parafraseo las palabras de J.L.B. y termino acá, porque no quiero rivalizar con usted en cantidad de palabras: «ojalá sean muchos los lectores que esta página está aguardando»
6
Estimado:
Muy interesante el artículo y como diseñador no puedo mas que dejarle elogios sobre el look & feel que ha logrado con su blog.
Saludos, desde el otro lado del charco.
7
Bon jour. ¡cof cof!
Recién llego venida de otro sitio que visito a diario y muy entusiasmada con la rúbrica de este espacio «anartista»: ¡fasineitinggg!.
Mientras imprimo los textos (verán: soy de la old school), me preparo unos mates santos, con mucho yuyo serrano y me dispongo a leer; porque allí donde diga: ¡Duchamp!, ¡Marinetti!, ¡Bukowski! ¡Burroughs!, ahí tengo que estar yo.
Sin más, sin menos, atte:
Cherrit.
8
¡Ah!, filósofo y enamorado: cómo me recuerda mis años en París en mi lejana juventud.
Mi blog sólo es un homenaje a las hermosas mujeres que nos muestran los grandes genios de la pintura y un recuerdo de varios museos que visité, pero, como verá, mi dominio del diseño gráfico es nulo.
Le dedico, Durhommme, una canción del gorrión de París que acostumbro a escuchar en mis noches nostálgicas recordando el cielo de la Ciudad Luz.
Un viejo profesor de arte.
—S’envole une chanson /Hum Hum /Elle est née d’aujourd’hui /Dans le coeur d’un garçon /Sous le ciel de Paris /Marchent des amoureux /Hum Hum /Leur bonheur se construit /Sur un air fait pour eux.
—Sous le pont de Bercy /Un philosophe assis /Deux musiciens quelques badauds /Puis les gens par milliers /Sous le ciel de Paris /Jusqu’au soir vont chanter /Hum Hum /L’hymne d’un peuple épris /De sa vieille cité.
9
Otra vez yo, muchacho:
Tú sabes que acá en La Paloma hay un ingenioso bacán que hace, pero no reparte, ¡ojo! diarios y que tiene una suerte de locos con las mujeres. Hoy, meta matear, pensando en tus escritos y mirando «la mar» (¿notas mi estilo europeo?) le descubrí el secreto al Julio César: las tatúa con el semanario y después las lee. Y tú sabes que es simpático el tipo, da gusto hablar con él.
Y ¿entonces? ¿para qué te comento otra vez, muchacho, pa’ qué? porque mi desmemoria me impidió darte la dirección de mi blog, que es aburrido como pescar con anzuelo pero ¡hay cada minas, che!
Tú ves, ahí…
10
Hola, Durhomme. Como la heroína de «Pulp Fiction» (me refiero a la mujer, no la droga) pienso que un silencio confortable entre dos indica más comunicación que un mero palabrerío.
Como no te puedo ver en este momento (¿algún día quizás?) te doy una posible respuesta que encontré leyendo las apostillas de «El nombre de la rosa».
…«Por mi parte, llamaría efecto poético a la capacidad que tiene el texto de generar lecturas siempre distintas, sin agotarse jamás del todo. El que escribe (el que pinta, el que esculpe, el que compone música) siempre sabe lo que hace y cuánto le cuesta. Sabe que debe resolver un problema. Los datos iniciales pueden ser oscuros, instintivos, obsesivos, mero deseo o recuerdo. Pero después el problema se resuelve escribiendo, interrogando la materia con que se trabaja, una materia que tiene sus propias leyes y que al mismo tiempo lleva implícito el recuerdo de la cultura que la impregna (el eco de la intertextualidad»
Yo cambio «texto» por obra de arte y pienso que la obra de arte perdura porque es capaz de generar infinitas lecturas sin agotarse. Lo del «eco de la intertextualidad» también me parece muy acertado: el arte lleva implícito el recuerdo de la cultura que lo impregna.
Finalmente: ¿qué querés que te diga? In my opinion, sometimes, los mamarrachos de hoy son el arte del mañana. Sorry por la irrespetuosidad final. Mi lema es «río ergo sum».
Kisses.
11
C’est fantastique, mon cher! Merci!
12
Mendieta: lea tranquilo que acá nadie se va a ir. Muchas gracias por leerme con Inodoro y la Eulogia… y los loros.
Martinszy: bueno, es que trabajé como taxista en París hasta que un día, por puro atajo al camino, subí el taxi al Metro. Como 10 paradas anduve. Me echaron no por subir al vagón, sino que me había olvidado de bajar la bandera. Muchas gracias por las felicitaciones y su difusión en 140 caracteres.
El Santi: no le quiero meter otro dedo en la llaga estética porque ya sería pedir una segunda opinión. Péleme la para «arte» del diccionario que yo pondré en boca de todos su afamado blog. Inmensamente agradecido por leer y difundirme en su rancho el cual es: http://www.divaguesdelsanti.blogspot.com
Lucía: creo que no me levanto un domingo a las 9:26 de la mañana desde el año ’39 ¿Siguen habiendo mañanas a esas horas? Mil gracias por sus cálidas palabras que usaré como bolsita de agua caliente en las frías noches de enero.
Miss Marple: dejar palabras J.L.B. en cualquier ámbito, es como regar un jardín seco, donde los senderos se bifurcan. Mientras «Miss Marple sucede» todo irá bien. Gracias y muchas.
Pablo: desde éste lado del charco, le agradezco con mi mejor tipografía sus palabras. Muchas gracias.
Cherrit: Bonjour, belle dame, comment allez-vous? Páseme un mate santo mientras le agradezco cálidamente sus buenas palabras.
Archimoldo: ¡ah, viejo loco! y ¿entonces? ¿Cómo tú te encuentras? Tú sabes que le decía al Jilton la otra ve’, que hace tiempo que no sabía nada de tí. Bueno, muchas gracias por tus palabras. A ver cuando nos vemos ¿eh? Tú ves, ahí.
Mia: girl, you’ll be a woman soon. Gracias por el Eco de sus palabras.
Folvril: extrêmement reconnaissants pour vos paroles d’affection et de faire savoir au monde que vous m’a inspiré pour illustrer cette histoire avec Les Ramones.