De de las canciones más largas de The Beatles, «Hey Jude», salen a flote pequeños submarinos de afecto entre dos amigos cuya amistad parecía ya sumergida.
Hey Jude la escribió Paul y habla de Julian, el primer hijo de John cuando éste se estaba separando de Cynthia. Julian era un niño pequeño, no más de cinco años. Paul había ido a la casa de John y se quedó muy afectado al ver a Julian, el testigo inocente del divorcio.
Esa es la historia que nos cuenta George Harrison sobre esta canción. Fue editada como single en agosto de 1968 y ha sido una de las canciones exitosas más largas de todos los tiempos.
Cuenta McCartney: —John y Cynthia (su primera esposa, antes de Yoko Ono) se estaban separando y a mí me daba mucha pena Julian. Pensé ir a su casa en calidad de amigo a tratar de animarlos y ver cómo estaban.
—Demoraba una hora en ir en auto y en el camino me ponía a pensar canciones, por si acaso. Empecé a cantar: «Hey Julian… don’t make it bad, take a sad song, and make it better» («Vo’, Julian, no te la compliques. Agarrá una canción triste y hacela feliz»). Era una canción optimista, un mensaje de esperanza para Julian: «Bueno tus padres divorciaron, ya sé que no es para estar feliz de la vida pero todo va a salir bien».
—Apenas la terminé, fui hasta lo de John y se la toqué en el piano de él, aunque pensaba que tenía que trabajarla un cachito más porque había un pasaje que decía: «The movement you need ir on your shoulder». Mientras la tocaba, miré a John y le dije «Voy a arreglar esa parte». «¿Qué?», me dijo. «Claro», le dije, «ya usé la palabra “hombros” y no la voy a andar repitiendo como un pelotudo». Y John me dijo: «No jodas: es la mejor parte de la canción. Yo sé de qué me hablás. Está buenísima». Y eso era lo bueno de John: yo había descartado la frase y en cambio a él le encantaba.
Más allá de lo genial de la música, la esencia de «Hey Jude» está en eso: el vamo’ arriba permanente, el incondicional estamo’ acá para apoyarte que toda buena amistad sabe brindar. Frases como «Cada vez que estés medio cagado con todo, vo’ Jude, pensalo: no andes como un nabo con el mundo encima de tus hombros» son síntesis de esos espaldarazos que todo buen amigo sabe dar («and any time you feel the pain, Hey Jude, refrain; don’t carry the world upon your shoulders»).
Sin embargo, lo que mejor resume la canción, el génesis de todo buen consejo, es justamente lo que John vió con otros ojos: «Todo este tiempo estuviste esperando a alguien para actuar —al pedo— y lo que no te das cuenta es que ese alguien sos vos, m’hijo. Vo’ Jude, ¡encará! ¡lo vas hacer! Y ¿sabés por qué te digo esto? Porque el movimiento que necesitas está justamente encima de tus hombros». («And don’t you know that it’s just you? Hey Jude, you’ll do. The movement you need is on your shoulder»)
Muchas veces esperamos que alguien nos salve y ese alguien, ese mesías, somos justamente nosotros. En las cosas malas, por más que nos ayuden, es la voluntad propia —el movimiento que tenemos en nuestros hombros— lo que nos hace salir a flote.
Como si no bastaran estas palabras, la canción termina con un coro de vaya uno saber cuántas voces —colaboradores, groupies, funcionarios de Abbey Road, personal de limpieza, maestras, padres, niños y el colorado de Omar— haciendo entender al pequeño Julian, que a pesar que ya se hayan se terminado los tres minutos estándar de una canción pop, aún se quedan cantando para darle apoyo y hacerlo sentir que no está solo: «Na Na Na Na, Hey Jude! (¡canten putos!)»
—«Hey Jude» es una de las obras maestra de Paul —protesta John, —y siempre me ha parecido un tema dedicado a mí. Ponete a pensar que Yoko recién había aparecido en escena y Paul me está diciendo en realidad «Vo’ Jude… Vo’ John» Ya sé que parezco esos fans que interpretan las cosas a su manera (N. del A.: como yo) pero se nota que me habla a mí. Esas palabras tipo «go and get her» («dale, andate con la mina; ‘ta todo bien»), me está diciendo inconscientemente: «Dale, andá… dejame, sorete»
—A nivel consciente, no quería que yo diera el paso. El ángel de su interior le estaba diciendo «dale tu bendición que se vaya con la mina y ¡a cagar!, que se curta» A la mierda con todo lo que había dentro de él y eso no le hacía ninguna gracia, porque de última, estaba perdiendo a su compañero.
Tal vez fue una doble jugada lo de Paul. ¿Quién sabe? Lo importante son los siete minutos de ese vamo’ arriba, todo va a salir bien. Fueron los últimos restos de amistad entre Lennon y McCartney antes que de que al primero lo sentaran en ese mueble japonés del cual todos aborrecemos.
Desde el Departamento de Audio de MediaTinta, se preparó un «Hey Jude» proveniente de tres versiones: la primera estrofa es de la toma 7, el resto del tema se toma prestado de la versión oficial y el final —el na na na náh— es de la versión del álbum «Love».
Escúchese atentamente en este finalle presto con tutti, cuando queda un minuto para terminar, cómo quedan solo las voces y la batería en un maravilloso efecto «Candombe de la Aduana» e incluso, más adelante, el sublime bajo de McCartney. Y no pidan por la letra en tiempos de Google.
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