—«Publiqué la novela “A Clockwork Orange en 1962″, lapso que debería haber bastado para borrarla de la memoria literaria del mundo. Sin embargo se resiste a ser borrada».
Y de esto la versión cinematográfica de Stanley Kubrick es la principal responsable. —Así protesta Anthony Burgess, escritor y compositor británico, bajo el título de «Introducción. La naranja mecánica exprimida de nuevo» en noviembre de 1986, unas páginas antes de comenzar este clásico de las distopías británicas —como lo son«1984» y «Un mundo feliz»— y de la cual fue adaptada por Kubrick en el homónimo film de 1971.
—La naranja mecánica —acusa la contratapa del libro —cuenta la historia del nadsat-adolescente Alex y sus tres drugos-amigos en un mundo de crueldad y destrucción. Alex tiene los principales atributos humanos: amor a la agresión, amor al lenguaje, amor a la belleza. Pero es joven y no ha entendido aún la verdadera importancia de la libertad, la que disfruta de un modo violento. En cierto sentido vive en el Edén, y sólo cuando cae (como en verdad ocurre, desde una ventana) parece capaz de llegar a transformarse en un verdadero ser humano.
Nos explica Yonatan Gómez, uno de los críticos literarios líderes del movimiento IPRILI («Intelectuales Privados de Libertad»): —Fáh, vo’, «La Naranja Mecánica» es pero el propio libro, pero el propio ¿eh? ‘Ta de má’. Te voy a conta’ ahí la hi’toria cómo e’ ¿no? O sea, ‘Ta, ponele que un botija ahí ¿no? El Ale’ De Larsh, patotero así to’o mal, de lo’ ina’data’o de siempre ¿no? ‘Tonce’ se re-empastillan lo’ pinta’ y ahí ‘ta tipo que violaban y te mataban a la’ mina’ vo’ pero así zarpa’o, re-pasa’o pero mal y ‘ta, ponele que ahí lo’ amigo’ se calientan con el Ale’ ¿no? Y ¡fáh! terrrrible goma se arma y lo’ re-queman con lo botone’, así re-cortada la gente. Todo mal.
—Ta, ‘tonce’ el tipo re-quemado, lo meten pa’ adentro y ahí medio que empieza a encara’ el pinta y ‘ta, ponele que había un mi’nitro ahí, del interior, tipo la Daisi pero re inglé’. ‘Tonce’ le dicen ahí «vo’ mirá, ‘ta encarando abundante y tenemo’ un asunto ahí, que puede salir con una gente y te vamo’ a hacer bueno ¿sacás?».
—Y al flaco lo agarran ahí y lo hacen bueno ¿’tendé’? Pero bueno pero así, tipo el Rómulo que despué’ de quedar re guardado salió y se hizo mormón vi’teh? Ta e’to e’ medio parecido. El pinta se cura pero no e’ el mi’mo de siempre ¿me ‘ntendé?
—‘Tonce’, lo que dice el tipo del libro ¿no? el Antoni Búrgue e’ que’ vo’ no podé’ ser así, tipo ser bueno porque te obligan, o sea, todo mal. Tené’ que ser bueno porque te pinta y ahí vo’ tené’ que elegir entre ser malo o ser bueno por el tema del libre albedrío ¿tendé? Ademá’ la violencia e’ una cosa que e’tá en la naturaleza humana y vi’téh?, no podé’ ir contra eso.
—El tema e’ todo un debate moral, así, entre que uno, digamo’, puede elegir entre ser bueno y malo ¿‘tendé? Ademá’ lo que dice el Antoni, o sea, sho le decía acá al compañero de celda, le digo: «E’ tan inhumano ser totalmente bueno ¿no? como totalmente malvado ¿me ‘ntendé pela’o? Lo que encara abundante acá e’ la ele’ción moral ¿me ‘ntendé? La malda’ tiene que esistí junto a la bondad para que pueda darse esa elesión moral, papá, sino no esití, ¿’tendé? No esistí. La vida se so’tiene gracia’ a la enconada oposición, o sea pela’o, mirá lo que te digo: a la enconada oposición de entidade’ morale’». ¿No? ‘Tonce sho le decía eso al Yuver y buéh. ‘Tamo ahí, vi’téh. Te tengo que deja’ amitáh porque se me acaba el horario de visita.
Burgess escribió originalmente la novela en tres partes de siete capítulos cada una y así fue enviada a su editor en Nueva York para ser publicada en Estados Unidos. No obstante, este rechazó de pleno el último capítulo, el veintiuno, alegando una suerte de capítulo que sobra y que no aportaba nada a la historia.
En esa última parte, el británico cuenta cómo el personaje Alex de Large crece, cumple veintiun años de edad —mayoría de edad en muchos países— y se da cuenta que la ultraviolencia que generaba en los primeros capítulos ya no era necesaria, que ahora era mejor crecer, madurar, tener hijos, crear en vez de destruir.
De todas maneras, Burgess permitió publicarlo con solo veinte capítulos ya que necesitaba el dinero. Años después, confesó que esto fue una clásica actitud yankee y que esa pseudo-censura, en la que se generaba un (peligo de cliché) canto a la esperanza y que no todo está perdido (fin del peligro), era una típica mariconeada de los ingleses.
Sin embargo, a pesar de que el film fue rodado en Inglaterra, Stanley Kubrick se basó para la adaptación en la edición norteamericana, es decir, sin capítulo final. Burgess amó la película en un principio pero luego, Kubrick se lavó las manos al dejarlo solo para defenderse ante acusaciones de que la película generaba violencia.
Burgess quedó herido por la falta de compañerismo del director ante estas situaciones. De hecho, el actor principal, Malcom McDowell se unió al escritor y citaron como evidencia del gran ego de Kubrick el hecho de que sólo el nombre de éste aparecía en los créditos de apertura de la película.
—Mi intención era que el libro concluyese de esa manera, pero tal vez mi juicio estético no era el correcto. Los escritores raras veces son sus mejores críticos, y tampoco son críticos. «Quod scripsi scripsi», dijo Poncio Pilatos cuando hizo a Jesucristo rey de los judíos. «Lo que he escrito, escrito está». Podemos destruir lo que hemos escrito, pero no podemos borrarlo —dice Burgess.
Alejandro Dolina confiesa que la noble tarea del crítico es ver más allá de la obra del autor, aportar algo que este no se haya visto, percatado o dejado en claro. Es más una tarea de aporte que de sustracción. Finaliza Burgess:
—El capítulo veintiuno concede a la novela una cualidad de ficción genuina, un arte asentado sobre el principio de que los seres humanos cambian. De hecho, no tiene demasiado sentido escribir una novela a menos que pueda mostrarse una posibilidad de transformación moral o un aumento de sabiduría que opera en el personaje o en los personajes principales. Incluso los malos bestsellers muestran a la gente cambiando.
—Cuando una obra de ficción no consigue mostrar el cambio, cuando sólo muestra el carácter humano como algo rígido, pétreo, impertinente, abandona el campo de la novela y entra en la fábula o la alegoría. La Naranja norteamericana o de Kubrick es una fábula; la británica o mundial es una novela.
Por eso, me desconsuela cuando alguien me dice: «estás igual que siempre»: denuncia la inercia de mis días. No obstante, tampoco es bueno estar permanentemente cambiando sin una mínima posibilidad de amarrarse a cierta identidad —o esencia— que siempre debe acompañar.
Creo que es mejor: «me alegro que hayas cambiado, para ser el mismo de siempre».
El tema es «March from “A Clockwork Orange” (9h Symphony, 4th movement, Abridged)» de Wendy Carlos con la voz Rachel Elkind. Pertenece a la banda de sonido de la película y es un Beethoven bajo los efectos del sintetizador Moog siendo una de las primeras grabaciones que se utilizó un Vocoder para la voz.
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1
¡Magistral la exposición de Yonatan Gómez! Con líderes así, IPRILI siempre será una realidad y no una utopía.
Gómez es un canto a la esperanza y nos confirma que nada está perdido. Su lenguaje es muy apropiado para dar su versión al compañero preso. Presiento que Yonatan es muy capaz de desempeñarse en ambientes intelectualmente superiores. –ha leído el libro y lo ha entendido– pero sabe también que sus ideas no podrán ser trasmitidas si sus palabras no se adecuan al oyente de turno.
Creo que hay una lección que nos da Gómez superior a la de Burgess. Éste podrá ser leído por un público con una cierta educación previa, Gómez será comprendido por aquellos que no la tengan.
Frédéric: Ud. ha captado algo que muchos políticos, educadores y reformadores nunca han conseguido. Felicitaciones.
Au revoir!
2
Perdón, una relectura del texto me hace pensar que Yonatan está privado de su libertad y ha leído el libro en la cárcel ¿Es así? Le agradecería una respuesta.
3
Marinarrosa: soy el Yonatan ¿qué hashé negra? ‘Toy priva’o ‘e liberta’ pero no de intele’tualida’ ¿me ‘ntendé? Como le decía al Yuber, má’ que un canto a la e’peranza, soy una cumbia a la e’peranza.
Lo muchacho’ del módulo tre’ siempre me cantan: ♫♫ «y leyendo letra’ y arriba y arriba y el Yona que arranca y que dice: “léete al Ulise’ del Jaime Yoise”» ♫♫
4
Azorada es poco para describir mi estado de espíritu ante la lectura de tamaña apología de la violencia y del mal. El análisis del notorio marginal Yonatan es un patético intento de justificar las atrocidades por las que seguramente se encuentra recluído, utilizando una filosofía y un lenguaje propios del peor Mujica.
Esos señores Kubrick, Burguess, McDowell, Dolina. Pepe y otros atorrantes por el estilo, entre los que me resisto a incluirlo a usted amigo Frédéric, dado su fino origen, son representantes de lo peor y más bajo del género humano, que deberían ser obligados a bañarse, cortarse el pelo y hacerse una lobotomía.
Luis Alberto y la Divina Providencia se encargarán de ello.
5
Divina Providencia era el nombre una novia que tuve. Era griega, politeísta y de los jónicos. Mina rara.