Sepa, lector, el valioso tiempo que perderá leyendo mientras se pregunta por qué el autor hizo esto. «¿Qué hice?» dirá usted, cuando sepa que ya ha leído hasta aquí.
Dijo Ernesto Sábato: «Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas»; y justamente: Frèdèric Durhomme es un mal escritor.
Nació hace un manojo de años y a los pocos logró egresar del jardín de infantes donde permaneció hasta su adolescencia. Por esas épocas, publicó sus primeros libros como el ensayo zoofílico «Mi hamster: ese gran desconocido», a lo que inmediatamente siguió el aclamado «Difícil que el chancho chifle» (ensayo sobre la utopía). Recibió una mención especial en la Cadorcha de Oro en el XVI Festival de Bürenstein del Sur, al tiempo que se codeaba (en el Métro, en las horas pico) con personalidades de la cultura francesa.
No obstante, Frèdèric Durhomme es mundialmente conocido por su obra más ambiciosa: «Moyen d’encre» (“Media Tinta”), una serie de cuentos y ensayos sobre diversos temas —la mayoría de ellos vinculados al arte— en los que sin temor alguno, admite sus técnicas literarias para crear textos, así como también, para afanarlos con todo éxito.
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