Sepa, lector, el valioso tiempo que perderá leyendo mientras se pregunta por qué el autor hizo esto. «¿Qué hice?» dirá usted, cuando sepa que ya ha leído hasta aquí.
Dijo Ernesto Sábato: «Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas»; y justamente: Frèdèric Durhomme es un mal escritor.
Nació hace un manojo de años y a los pocos logró egresar del jardín de infantes donde permaneció hasta su adolescencia. Por esas épocas, publicó sus primeros libros como el ensayo zoofílico «Mi hamster: ese gran desconocido», a lo que inmediatamente siguió el aclamado «Difícil que el chancho chifle» (ensayo sobre la utopía). Recibió una mención especial en la Cadorcha de Oro en el XVI Festival de Bürenstein del Sur, al tiempo que se codeaba (en el Métro, en las horas pico) con personalidades de la cultura francesa.
No obstante, Frèdèric Durhomme es mundialmente conocido por su obra más ambiciosa: «Moyen d’encre» (“Media Tinta”), una serie de cuentos y ensayos sobre diversos temas —la mayoría de ellos vinculados al arte— en los que sin temor alguno, admite sus técnicas literarias para crear textos, así como también, para afanarlos con todo éxito.
Es por eso que Editorial MediaTinta, presenta la obra que nos da nombre, en esta fabulosa edición de 7.689 páginas en formato bolsillo de atrás. Además, al final de cada texto, se incluye la correspondencia que Durhomme mantuvo con sus diferentes editores en pro de corregir borradores, agregar comentarios e incluso, publicar notas al pie.
Esperamos que el lector sepa disfrutar de esta obra y si es así, que nos cuente cómo cuernos lo hizo.
Todos los capítulos de MediaTinta son ilustrados con una canción y para éste prólogo tenemos a The Beatles porque, justamente, Durhomme no es más que un «Paperback writer»?.
Un saludo cordial, de Étienne-Jean Delécluze (Editor en Jefe de Editorial MediaTinta, hasta que la misma se fundió luego de editar la obra misma. Fines de octubre de 2009).
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Las portadas de Carlos Palleiro fueron escaneadas por Álvaro Cármenes y pueden encontrar más portadas de libros uruguayos en esta galería.
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Senior yo no e encontrao herror halguno hes mas creo qe su sintacsis, contacsis y «jollas, nunca tacsi ni patrushero» por hezta rason lo felisito por su vloj tiene mui vuen nibel y zobre todo sus dibugos y fotoz, heso como se dice el harte o el disenio vueno «agarro y me voi».
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Estima Señora Irina Kropotkin:
Ante todo, gracias por sus amables y academicamente correctas palabras; mas, la intención de esta nota al pie es preguntarle si es usted algo de mi buen amigo, el Acorazado Kropotkin.
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Lo congratulo profundamente por este emprendimiento. Éxitos ante todo. =)
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Puez sí, fue mi companero en la clandeztinida, zu nonvre era Potemkin pero dezidio usar el mio hel de hel hera mui conozido. Quento con zu diskrecion y zilenzio.
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My dear Monsieur Durhomme:
Es un gran placer comunicarle que ha caído entre mis manos esta primera entrega de su libro.Agradezco profundamente su decisión de ir mostrando su exquisito libro poco a poco porque de lo contrario no podría escribirle en este momento por la ausencia de dedos. Sus más de siete mil páginas hubieran sido una calamidad para mis manos de tejedora.
Vivo en Saint Mary Mead (England) pero de vez en cuando tomo el tren y me voy a Londres donde me alojo en el hotel Bertrand.A pesar de tener mucha memoria para los rostros no puedo recordar si lo conozco de Londres o si lo vi en el Metro en mis recorridos por la Ciudad Luz. Sepa que su rostro es inolvidable.Espero no llegue a cometer ningún crimen, porque desde ya le pongo en conocimiento que los muchachos de Scotland Yard han solicitado muchas veces mi colaboración. No es falsa modestia si le digo que mis resultados han logrado superar a esos sabuesos.
Habiéndome presentado, sepa que seré su más fiel lectora.
Au revoir.
7
Estimada Miss Marple:
Mi único crimen es el silencio de mis palabras, mas confío en haberla visto no sé si el Metro 13 —cerca de Sacre Coure— o en el 181 Paso Molino.
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Senior escritor:
Me procupa bastante noncontrar las zietemilypico de pájina esa porque yo como que creía que con la letura deso unque fuera despaciosa por ay aprendía ascribir un poco mejor porque nel tayer del barrio es todo como que una cagada porque en la casa de la cultura de punta riele pienso de que ponen a cualquier nabo como profesor y como carajo no van a ser nabos si no fueran nabos no estarían dando clase ayí por cuatro mangos o sea y tonce me hablan de los osímoron y las sinedoques y las polinesia o las polisemia y toda esas cosa pero eyo escriben como el culo escriben osea que se te cai un güevo cuando los leés y yo como que quiero aprender pascribir los artículo de la revista que sacamo a mineógrafo en el clú de fóbal The Stars of La Cahacarita que se yama la revista se yama “¿Sale un briyo pal clú?” y es pa juntar guita pero también pa levantarle la moral a los chochamu que hase como die anio que no le ganan a nadies no porque no pongan todo los güevo arriba e la cancha sino porque andan malpucheriados desde la crise del dosmildó y por eso quiero escribir bien de bien pa escribirles arengas y manijiarlos pa que agan mierda a los contrarios sin asco y espero que me ponga esas pajinitas pronto y que no sea usté de eso escritore medio trolo que scriben de las mariposa y las florcita y que le haga onor a su apeyido de Homme Dur, osea, hombre que la tiene dura, que yo algo de franchute chapo porque mi viejita querida laburaba en la casa de un franchute que las vieja jodida del barrio disen que se la voltiaba a mi vieja y que por eso mi viejo la cagaba a palo pero ta eso ahora no importa porque la vieja se murió por las biabas y a mi viejo yo al final lo amasijé que bien que me comí die anio en cana pero entonce parése que tengo algo de sangre franchuta que pascribir parése que conviene y entonce quiero aprender con usté por más cara de orto que tenga en esa foto pero pongame las pajinita deuna ves.
El Tito (redator en gefe de ¿Sale un briyo pal clú?)
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¡Vo’ Tito! ¡Acá el Yonatan! ¿Qué hashé, negro? Nosotro’ eramo’ compañero’ de clase en la e’cuela ¿te acordá’? Fuimo’ en primero, en segundo, en segundo, tercero, tercero, tercero, cuato, quinto (la segunda), se’to y se’to (pasa que repetimo’ ¿me ‘ntendé’?
Alegría verte, vo’. Igual era pa’ decirte que me debé’ do’ bolita’ y un bochón que te gané en un recreo, en el año ’88. Me la devolve’ o te quemo.
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Veinte años desde la última vez que vi a mi hermano, Frèdèric Durhomme. Lo saludé desde el andén y en vez de un pañuelo o un caramelo Candel, dejó caer por la ventana una servilleta escrita que comenzaba diciendo «Gracias por el fuego», mas no recuerdo cómo seguía.
De nuestra infancia en aquel bonito lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, guardo la imagen de una pared azul estrellada, de un viejo teatro, de las dulces voces de nuestros cuatro tíos, y de cierto personaje tan enigmático como adorable, un tal Roque.
La familia que nos crió no pudo esconder por mucho tiempo que nuestros nacimientos habían sido en sitios muy lejanos al que vivíamos, y que poco había de genético en nuestro parentesco. Los ojos azules de mi hermano erradicaban cualquier duda de esto; distintos a todo, más hermosos que ningunos. Sin embargo nunca nos importó saber de dónde veníamos, ni de quién éramos hijos, ni por qué estábamos allí. Es el dia de hoy que no sé cómo llegué a ese lugar.
Recuerdo que mi hermano me contaba historias para que yo me durmiera. Jamás lo conseguía; eran tan buenas que siempre le pedía otra y otra y otra. Cuando escribía algo, me gustaba ser la primera en leerlo. No sé qué habrá hecho en todos estos años con su imponente creatividad, su maravilloso don, su nata musicalidad.
Ahora que su libro llegó a mis manos habré de pasar hoja a hoja las 7.689 con el mismo entusiasmo y la misma ilusión que antes sentía, y tal vez encuentre algún recuerdo de sus viejas lineas, algún aire a aquellos escritos que versaban acerca de árboles de mandarina y cielos de mermelada.
Hermano del alma, nada más grato que reencontrarte a través de tus letras: además de tus ojos, mi mejor recuerdo.
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Pretencioso, le falta milanesitud.